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miércoles, 31 de agosto de 2016

Bibliomanía

«Escribía para escapar del tiempo», dijo. Y me gustó, pero no me convenció del todo.
Quizá ambos queríamos decir lo mismo, pero aquellas no eran las palabras exactas.

¿Por qué escribía?
Por el mismo motivo por el que otros dibujan.
Por el que un niño con vocación de director de cine va a todas partes con una cámara encendida.
Por el que muchos desbordan sus móviles de fotografías que saben que no van a volver a mirar.
Y algunos se niegan a tirar la entrada de la película que fueron a ver hace siete años con no sé quién.
Por el mismo motivo por el que los emperadores se hacían esculpir estatuas y los primeros seres humanos ya grabaron sus huellas en la roca:
para convencer a los minutos de que se tomen un descanso.
Para entretenerlos el tiempo que lleva robarles la sombra y quedárnosla para siempre. Para sentir la ilusión de haberlos domesticado. Para, así, poder conservar la calma al verlos marchar.

No escribía para escapar del tiempo.
Era para hacerlo suyo.


jueves, 18 de agosto de 2016

Suyo

[...] Quería hacer el mundo suyo. Pero no en un sentido jurídico, ni en el sentido que uno espera viniendo de una estratega militar. Quería hacerlo suyo de verdad: recorrer todos los caminos, pernoctar en todas las mentes. Beber un poco de todos y todo de algunos.

sábado, 2 de julio de 2016

~

Y cuando ha caído la noche, te cuesta horrores recordar que hace muy poco era de día. Aquí mismo, en este mismo lugar, ante ti. No fue en una vida pasada. Tan solo han transcurrido unas horas. O unos años. Y sin embargo, cuando estás resignado, creyendo otra vez en la eternidad... el día vuelve.

martes, 26 de abril de 2016

Pause

Como algunos habréis advertido (me haría ilusión, al menos), llevo varias semanas de retraso *CHAN CHAN* con respecto a mi calendario de publicación de entradas en este blog *ah*.
He tenido esto presente en todo momento, y muchas veces he intentado remediarlo; pero siempre he acabado resignándome a dejarlo de lado, en favor de otros aspectos de mi vida.


A pesar de esto, tengo un montón de posts en mente que intentaré ir publicando en cuanto encuentre momento, y confío (inocente de mí) en que la situación se afloje un poco de aquí en adelante.
Bueno, aunque no lo haga, yo voy a pelear más por hacerle un hueco en mi tiempo a Parasomnias. Y os anticipo que, cuando vuelva, lo haré con entradas que me parecen de lo más interesantes.
Hasta dentro de poco ;)

domingo, 20 de marzo de 2016

Donde habite el olvido.

¿A dónde van los acordes que nacen y mueren en tu cabeza, sin tiempo a apuntarlos?

¿Las frases lapidarias que se te ocurren una semana después de la pelea?
¿Los folios llenos de ideas que se traspapelan?
¿Las promesas que quedan obsoletas?

¿Y las canciones que ya no te sobrecogen?

¿Los temas de conversación recurrentes que van perdiendo importancia?
¿Las bromas privadas que mantenías con gente con la que ya no hablas?
¿Las confesiones que vas a hacer hasta que te acobardas?

¿Y los planes que postergas para siempre?

¿Las entradas secretas cuya posición olvidas?
¿Los actos con los que ya no te identificas?


Deben de estar todos juntos, en la misma región del hiperespacio a la que va tu mente cuando mueres.
A la que van las máquinas de escribir, los juegos que te divertían de niño y todas las cosas buenas y desfasadas.

Sería bonito pensar que esperan para emerger, un buen día, al mundo de los hechos que vienen a cuento.
A veces pasa: cuando, de tanto deambular, acabas encontrando que la solución estaba al principio del planteamiento.

Pero lo más probable es que no vuelvas a verlos hasta que tú mismo ya no tengas mucho sentido.